SEMINARIO DE SAN FELIPE NERI, BAEZA

Mientras recorrimos las calles empedradas de Baeza buscando PALACIOS, IGLESIAS (enlaces a nuestras publicaciones) y rincones renacentistas, el Seminario de San Felipe Neri nos ofreció una experiencia diferente, pues aquí la piedra de su fachada se convierte en papel y las paredes en una especie de red social del Siglo de Oro.


Por eso, cuando visites este rincón de Baeza no te limites a admirar la arquitectura. Acércate a la fachada y déjate sorprender por unas antiguas firmas que no son solo adornos ni simples marcas históricas. Son sueños cumplidos, esfuerzos recompensados y nombres que se negaron a desaparecer. Son mensajes enviados desde otro tiempo para recordarnos que las personas siempre han buscado dejar una pequeña huella en el mundo.


Si hoy celebramos nuestros logros con una publicación en internet, hace siglos los estudiantes y doctores universitarios tenían una forma mucho más duradera de presumir de sus éxitos: los vítores. Estas inscripciones, pintadas originalmente con pigmentos rojizos (hechos con resina, óxido de hierro y sí, a veces sangre de toro), eran una manera de homenajear a quienes alcanzaban el grado de doctor o conseguían destacados méritos académicos. El nombre "vítor" procede precisamente de la expresión latina victor, es decir, vencedor.


Fue adoptado por algunas universidades españolas desde el siglo XIV, especialmente la de SALAMANCA; la de ALCALÁ DE HENARES (enlaces a nuestras publicaciones), la de Sevilla y las de Indias, pero en pocos lugares pueden contemplarse tantos como en esta fachada del Seminario de San Felipe Neri.

Universidad de Salamanca

Aquí la mirada empieza a saltar de uno a otro como quien busca mensajes ocultos en una antigua pared. Algunos conservan perfectamente sus formas; otros aparecen desgastados por el tiempo, obligando al visitante a jugar a ser detective histórico. Cada uno representa una pequeña victoria personal convertida en patrimonio colectivo.


Algunos esconden detalles que obligan al visitante a acercarse para observarlos con calma. Y es entonces cuando comienza la verdadera diversión.

Entre los numerosos grafitos históricos recuperados, hay uno que se lleva la palma en cuanto a originalidad y sorpresa. Ese es, sin duda, el dedicado a Diego de los Cobos (1516-1565), miembro de una de las familias más influyentes de Úbeda y obispo de Ávila primero, y de Jaén después. Resulta especialmente llamativa la aparición de sus iniciales en un edificio cuya construcción es muy posterior a su fallecimiento. Esta circunstancia ha llevado a los investigadores a interpretar la inscripción como una burla dirigida a la nobleza ubetense y, en particular, al poderoso linaje de los Cobos.

Junto a las iniciales aparece una caricatura realizada a mano alzada en la que Diego de los Cobos es representado agachado haciendo sus necesidades. Sí, has leído bien. Además, bajo la figura puede leerse la expresión en castellano antiguo «lassar e callar», mientras que a la izquierda se conserva otra inscripción igualmente mordaz: «lerdos teólogos discípulos suios». La sátira parece estar relacionada con el apelativo popular con el que los baezanos se referían a los habitantes de Úbeda: «bacines». De este modo, el grafito no solo constituye una curiosa manifestación de humor popular, sino también un testimonio excepcional de la histórica rivalidad entre ubetenses —los llamados «bacines»— y baezanos, conocidos tradicionalmente como «bambollas».

Pero no es el único elemento llamativo. Otros vítores presentan intrincados juegos de letras que parecen auténticos jeroglíficos. Algunos incorporan cruces, coronas, escudos o símbolos religiosos; otros despliegan tal cantidad de adornos que resulta complicado distinguir dónde termina el nombre del homenajeado y dónde empieza la decoración.

Siglos después, siguen consiguiendo exactamente lo mismo: que nos detengamos, observemos y comentemos lo que acabamos de descubrir.

Si la fachada es el gran libro de piedra del seminario, el patio interior es su pausa entre capítulos. Al atravesar sus dependencias aparece un espacio elegante y silencioso donde la arquitectura renacentista despliega toda su armonía y el ruido de la ciudad parece quedarse al otro lado de los muros. Las galerías porticadas, las columnas y la simetría crean una atmósfera que invita a la reflexión y sosiego.

El entorno ayuda a que la experiencia resulte aún más especial. La Plaza de Santa María, amplia, noble y flanqueada por la imponente CATEDRAL (enlace a nuestra publicación) y la FUENTE DE SANTA MARÍA, posee ese encanto sereno tan característico de Baeza. Es uno de esos lugares perfectos para sentarse unos minutos, observar y dejar que la imaginación viaje varios siglos atrás. Basta cerrar los ojos para imaginar a los jóvenes estudiantes cruzando la plaza, orgullosos de sus logros y conscientes de que su nombre acabaría formando parte de aquellas paredes.


TODA LA INFORMACIÓN INCLUIDA EN ESTA PUBLICACIÓN HA SIDO RECOGIDA DE LOS SIGUIENTES ENLACES:

https://www.cronistasoficiales.com/los-grafitis-del-siglo-xvii-salen-a-la-luz-%E2%80%A2-un-experto-ha-recreado-virtualmente-los-vitores-de-la-fachada-de-la-catedral-de-baeza-jaen/

https://turismo.baeza.net/pois/antiguo-seminario-conciliar-san-felipe-neri/

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