En nuestro paseo por Carmona nos detuvimos ante la actual Casa Consistorial, que ocupa el antiguo colegio y residencia conventual de los jesuitas, cuya construcción quedó terminada en 1621. Su fachada, blanca y elegante, nos recibe con la sobriedad propia de la arquitectura andaluza. La portada, la escalinata de mármol y los elementos heráldicos que la adornan parecen invitarnos a entrar en un edificio profundamente ligado a la historia más reciente de la ciudad.
Pero lo que no imaginábamos era que, detrás de
ella, nos esperaba un pequeño viaje de casi dos mil años hacia el pasado. Allí,
en el antiguo patio claustral, descubrimos un magnífico MOSAICO ROMANO
del siglo II d. C.,. Miles de pequeñas teselas, colocadas unas junto a otras,
habían conseguido sobrevivir al paso de los siglos.
Fue hallado en el año 1923 en la calle Pozonuevo
y décadas más tarde, en 1996, unas excavaciones arqueológicas realizadas en ese
mismo entorno permitieron comprobar que este mosaico había pavimentado una de
las salas de mayores dimensiones de unas termas romanas.
Aquellas mismas piedras que alguna vez fueron
pisadas por los habitantes de la Carmo romana estaban ahora ante nuestros ojos.
En el centro del mosaico aparece representada la Gorgona Medusa. Su rostro no está allí únicamente para embellecer la composición. Era una figura mitológica habitual en el mundo romano por su valor simbólico y protector. Rodeando a Medusa encontramos una espectacular composición geométrica. Círculos, cuadrados, estrellas y diferentes motivos decorativos se entrelazan formando una auténtica obra de arte. Pero entre toda aquella geometría hay algo todavía más especial. Las cuatro estaciones del año reconocibles por los atributos que portan: las flores para la primavera; las espigas para el verano; la cornucopia para el otoño; y el vaso o manto para el invierno. Quedaron representadas en este mosaico como si los romanos hubieran querido atrapar el paso del tiempo y convertirlo en algo que pudiera contemplarse.
Pero nuestra sorpresa no terminó en el patio. En el Salón de Plenos se conservan también fragmentos de otros mosaicos romanos procedentes de excavaciones realizadas a finales del siglo XIX en la actual calle Domínguez de la Haza. Estos restos aparecieron durante la apertura de una zanja para la traída de agua potable a la ciudad. Forman parte de otro mosaico de las estaciones fechado entre finales del siglo II y principios del siglo III d. C.
En él destaca el emblema principal, que representa el invierno mediante una figura femenina cubierta con una túnica y sosteniendo una caña de la que penden aves de caza. La escena se encuentra rodeada por motivos decorativos polícromos, entre ellos cordones simples y nudos de Salomón, elementos característicos de la decoración musivaria romana.
A este mismo mosaico pertenecen otros dos
emblemas, uno recuperado a finales del siglo XIX que se encuentra custodiado en
el CAC y simboliza la primavera y el otro, hallado en el presente siglo y
conservado en el MUSEO DE LA CIUDAD DE CARMONA, que representa el
verano.
Estos mosaicos son pequeñas teselas de piedra que permiten
acercarnos al esplendor de la ciudad romana y a la importancia de algunos de
sus edificios.
Por último, mientras recorríamos esas estancias
del edificio, descubrimos que de sus paredes cuelgan mucho más que cuadros
antiguos. Allí encontramos personajes que llevaron el nombre de la ciudad mucho
más allá de sus murallas, como el carmonense Bartolomé
de las Heras, que llegó a ser arzobispo de Lima; encontramos también a la Virgen de
Gracia, inseparable de la identidad y de la historia de Carmona; y, en un
enorme lienzo “El Entierro” de Juan
Rodríguez Jaldón, donde descubrimos una escena aparentemente sencilla que
termina convirtiéndose en un retrato de toda una época.
TODA LA INFORMACIÓN INCLUIDA EN ESTA PUBLICACIÓN,
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https://turismo.carmona.org/ayuntamiento/
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