CAMINITO DEL REY, MÁLAGA

Aquella mañana del 21 de julio de 2023, mi hija Laura y yo nos levantamos con la emoción de quien sabe que está a punto de vivir una aventura especial. A las 8:30 horas dejábamos el coche en el aparcamiento municipal situado junto al Acceso Norte, en el término municipal de Ardales, muy cerca de las aguas tranquilas del embalse Conde del Guadalhorce. El sol apenas comenzaba a desperezarse sobre las montañas malagueñas y el aire aún conservaba esa agradable frescura que, en pleno verano andaluz, es casi un regalo.

Todo gran viaje merece una puerta de entrada especial, y el Caminito del Rey la tiene. Esta es su famoso túnel peatonal que atraviesa la montaña. Al cruzarlo, tuve la sensación de estar abandonando el mundo cotidiano para entrar en otro diferente, uno gobernado por la piedra, el agua y el vértigo.





Al salir del túnel, el paisaje apareció ante nosotros como un escenario gigantesco. Laura y yo nos miramos con una mezcla de ilusión y expectación.

Antes de iniciar la ruta merece la pena detenerse un momento para conocer la historia del Caminito del Rey, porque entender su origen hace que la experiencia resulte aún más fascinante: A comienzos del siglo XX, durante la construcción de los saltos hidroeléctricos del Chorro y Gaitanejo, fue necesario crear un paso que permitiera a los operarios desplazarse entre ambas instalaciones y realizar labores de mantenimiento. Entre 1901 y 1905 se construyó este sendero adosado a las paredes del desfiladero, una auténtica proeza de ingeniería para la época. Años más tarde, en 1921, el rey Alfonso XIII recorrió parte del camino con motivo de la inauguración de la presa del Conde del Guadalhorce. Desde entonces, el sendero comenzó a ser conocido popularmente como "El Caminito del Rey", un nombre que ha llegado hasta nuestros días. Con el paso de las décadas, la estructura original sufrió un importante deterioro y llegó a ser considerada una de las rutas más peligrosas del mundo. Sin embargo, tras una profunda rehabilitación, el Caminito reabrió sus puertas en 2015 convertido en un ejemplo de recuperación patrimonial y turística, permitiendo que miles de visitantes puedan disfrutar hoy de este impresionante recorrido con todas las garantías de seguridad.

Nos dirigimos al control de acceso, donde el personal del Caminito del Rey verifica las entradas y ofrece una breve explicación sobre la ruta, sus normas de seguridad y algunos detalles de interés sobre el recorrido. Indicar, que nuestra visita tenía además un pequeño componente de suerte y gratitud. Las entradas nos las había facilitado amablemente el propietario del alojamiento de Ardales, donde nos hospedábamos, un gesto que terminó convirtiéndose en la llave de una experiencia que difícilmente olvidaremos. Allí mismo nos entregaron el característico casco de protección, obligatorio durante toda la visita. Con él colocado y la ilusión por las nubes, Laura y yo nos sentíamos ya parte de la aventura que acababa de comenzar, porque estábamos a punto de adentrarnos en uno de los senderos más espectaculares de España.

Enseguida llegamos a la Central eléctrica del Gaitanejo, donde da comienzo el primer encuentro con las alturas.

Los primeros pasos sobre las pasarelas del DESFILADERO DE GAITANEJO, un impresionante cañón cuyas paredes apenas dejan entre sí unos diez metros de separación en algunos puntos, son sencillamente imposibles de olvidar.




La estructura de hierro y madera parece abrazarse a la roca mientras avanza suspendida sobre el vacío. A un lado, la montaña; al otro, una caída que obliga a mirar dos veces para creer lo que ven nuestros ojos.

Bajo nuestros pies, el río Guadalhorce discurría entre sombras y reflejos. Sobre nuestras cabezas, las paredes verticales parecían querer tocar el cielo. Era imposible no sentirse pequeño y, al mismo tiempo, inmensamente afortunado.

La conocida como "ESCALERA DE MANTEQUILLA", por su forma sinuosa, desciende en zigzag por la ladera, guiándonos suavemente hacia uno de los rincones con más historia del recorrido. 

Poco a poco alcanzamos el antiguo canal de servicio excavado en la propia roca de la montaña, por donde todavía discurre el agua procedente del embalse de Gaitanejo camino de la central hidroeléctrica de El Chorro. Mientras avanzamos junto a esta histórica infraestructura, resulta inevitable admirar la extraordinaria obra de ingeniería que, hace más de un siglo, permitió domesticar la fuerza del Guadalhorce y dio origen al Caminito del Rey.




Y poco más adelante, en el corazón de este desfiladero, aparece otro pequeño túnel horadado en la montaña como si fuera una puerta secreta escondida entre los pliegues de la piedra y cuya pasarela, suspendida sobre las aguas del antiguo canal, nos conduce hacia nuevos asombros.



Lo cruzamos dejándonos llevar por la magia del lugar, mientras el Caminito del Rey seguía desplegando ante nuestros ojos sus secretos, paso a paso, curva tras curva.

Tras el primer tramo de pasarelas, el recorrido abandona momentáneamente la estrechez del vertiginoso cañón para adentrarse en una zona más abierta conocida como el TAJO DE LAS PALOMAS. Aquí el paisaje parece tomarse un respiro. Las paredes del desfiladero se separan ligeramente, permitiendo que la luz inunde el entorno y regalándonos una nueva perspectiva de este extraordinario rincón de la geografía malagueña.




Caminábamos sin prisa, deteniéndonos aquí y allá para contemplar el paisaje y capturar con nuestras cámaras algunos de los rincones más bellos del recorrido. Laura, con su mirada curiosa y atenta, descubría detalles que a menudo escapaban a mis ojos y me señalaba recovecos de la montaña, formas caprichosas en la roca o perspectivas sorprendentes del desfiladero. Yo, por mi parte, y quizás influido por una afición a los trenes digna del mismísimo Sheldon Cooper, no podía evitar seguir con la mirada la línea ferroviaria que discurre por la ladera opuesta. De vez en cuando imaginaba el paso de algún convoy atravesando aquel grandioso escenario natural, añadiendo una pincelada de vida y movimiento a un paisaje ya de por sí fascinante.


Desde este privilegiado balcón natural también divisamos al famoso PUENTE DEL REY, el que cruzó Alfonso XIII para tomar el tren que le llevó dirección Málaga, el día de la inauguración de la presa.

Paso a paso, el paisaje va cambiando al acercarse al VALLE DEL HOYO, con sus frondosos bosques.


Aquí la naturaleza cambia de registro, mostrándonos una amplia depresión rodeada de montañas que ofrece un marcado contraste con la estrechez de los cañones. El espacio se abre, la luz inunda el paisaje y el caminante puede apreciar la magnitud del entorno.




Es uno de esos lugares que recuerdan que el Caminito del Rey no es únicamente una pasarela colgada de una pared rocosa. Es también un viaje por un territorio lleno de matices, donde cada curva ofrece una perspectiva distinta.

En varios tramos del recorrido, el viejo canal excavado en la roca se convierte en nuestro fiel compañero de viaje, guiándonos silenciosamente por este paisaje modelado por la naturaleza y la mano del hombre. 


Durante la marcha, un cartel informativo llama nuestra atención y nos descubre una curiosa iniciativa de conservación: uno de los antiguos túneles de servicio ha sido acondicionado como Refugio de Murciélagos. Este espacio protegido ofrece un lugar seguro para la hibernación de varias especies amenazadas, entre ellas el murciélago de herradura, el murciélago de cueva y el murciélago ratonero, contribuyendo así a la preservación de un valioso patrimonio natural que muchas veces pasa desapercibido para el visitante.

Al final de este tramo, Laura y yo nos detuvimos unos instantes para contemplar una de las panorámicas más bellas del recorrido. Ante nosotros se abría el Valle del Hoyo en toda su plenitud, rodeado por las imponentes montañas que custodian el desfiladero. La amplitud del paisaje contrastaba con la estrechez de los cañones que habíamos atravesado momentos antes.

Y entonces llegó el gran momento. El DESFILADERO DE LOS GAITANES aparece como la obra maestra del recorrido. Las paredes rocosas se estrechan hasta formar un impresionante corredor natural de más de cien metros de altura. Aquí el caminito se transforma en pura emoción. La pasarela va serpenteando por las paredes extraplomadas en un recorrido mucho más aéreo y estrecho que bordea todo el desfiladero. Cada paso ofrece una nueva perspectiva. Cada mirada descubre un detalle diferente.

Recuerdo mirar hacia arriba y sentir que las paredes se perdían en el cielo. Recuerdo mirar hacia abajo y sentir cómo el río dibujaba una fina línea verde entre las profundidades. Y recuerdo, sobre todo, nuestra sonrisa, esa mezcla perfecta de emoción, sorpresa y felicidad que convierte un simple paseo en un recuerdo imborrable.

Mientras avanzamos por las nuevas pasarelas suspendidas sobre el vacío, puede verse, un metro más abajo, la silueta desgastada del antiguo Caminito del Rey desafiando a la cordura. Y uno también puede imaginarse a aquellos trabajadores recorriendo estos mismos parajes hace más de un siglo, suspendidos sobre precipicios que hoy continúan despertando admiración y respeto. Resulta fascinante pensar que esta espectacular obra nació por una necesidad práctica: facilitar el paso de los trabajadores entre las presas y centrales hidroeléctricas del entorno. Y, sin embargo, lo que comenzó como una sencilla vía de servicio terminó convirtiéndose en una de las rutas más impresionantes de Europa.

Uno de los puntos más llamativos de esta segunda parte del recorrido es el BALCÓN DE CRISTAL. Aunque su suelo transparente impone cierto respeto, las vistas compensan con creces: bajo nuestros pies se abre el profundo cañón y, frente a nosotros, aparecen la línea férrea, el túnel y el viaducto que atraviesan el desfiladero. Como apasionado del ferrocarril, me detuve unos instantes a contemplar esta impresionante obra de ingeniería. Cuesta imaginar que, pese a las enormes dificultades del terreno y al intenso uso de dinamita para perforar los túneles, la línea Málaga-Córdoba se completara en tan solo seis años, toda una proeza para su época.

Unos metros más adelante, el Caminito vuelve a sorprendernos con un viaje aún más lejano en el tiempo. En la conocida como "PLAYA FÓSIL" se conserva, protegida bajo una placa de metacrilato, la huella de un ammonite, un molusco cefalópodo que habitó los mares que cubrieron esta región hace cientos de millones de años. Su presencia constituye una valiosa prueba de que estas montañas, hoy elevadas sobre el valle, permanecieron sumergidas bajo las aguas durante largos periodos geológicos.

A partir de aquí, el sendero se estrecha nuevamente y nos conduce hasta la conocida como "FALLA CHICA", uno de los rincones geológicos más singulares del recorrido. La roca se pliega formando una espectacular "V", resultado de los enormes movimientos tectónicos que modelaron estas montañas hace millones de años. 

En este punto también puede observarse una de las aberturas del canal subterráneo, protegido por una sólida bóveda para resguardarlo de posibles desprendimientos, así como los restos de "El Puentecito", una pequeña estructura perteneciente al antiguo Caminito del Rey que aún permanece como silencioso testigo de su fascinante historia.




Muy cerca se localizan también las placas recordatorias de varios accidentes acaecidos en el Desfiladero de los Gaitanes antes de la rehabilitación de 2015.

Y entonces apareció la gran estrella del Caminito del Rey. El PUENTE COLGANTE.

Suspendido a más de cien metros de altura, balanceándose suavemente entre ambas paredes del desfiladero, representa el momento culminante de la experiencia.

Mientras avanzábamos sobre él, cada paso parecía flotar en el aire y las vistas eran sencillamente extraordinarias. El vacío bajo nuestros pies, la inmensidad de las paredes rocosas y la sensación de estar caminando entre montañas creaban una combinación difícil de describir con palabras.

Tras superar el puente colgante, el recorrido comienza a despedirse poco a poco.

Un último tramo de pasarela y empinadas escaleras suspendidas sobre la ladera de la montaña quedan atrás y el sendero desciende suavemente hacia la salida. La emoción va dejando paso a una agradable sensación de satisfacción. Es en ese momento cuando uno toma verdadera conciencia de todo lo vivido. Las alturas. Los desfiladeros. Las pasarelas suspendidas. Las montañas. El río. Y, sobre todo, esos momentos compartidos con mi hija. Porque los paisajes son hermosos, pero cuando se viven junto a las personas que queremos se convierten en algo mucho más valioso.

Girando la vista hacia atrás, disfrutamos de unas inmejorables vistas de las imponentes paredes que custodian la entrada al desfiladero. Desde esta perspectiva privilegiada, la magnitud de la garganta rocosa se revela en toda su grandeza, regalándonos una última imagen inolvidable de este espectacular entorno.

Un poco más adelante, alzamos la mirada para contemplar el Viaducto de los Albercones, conocido también como Puente de la Josefona o Puente de la Fuente. Esta elegante obra de ingeniería, construida en 1926 en piedra y hormigón para sustituir al antiguo Puente Grande de Hierro de 1865, salva la vaguada entre los Castillones mediante un gran arco central sobre el que descansan otros menores, aportando al conjunto una belleza tan singular como funcional.

A medida que descendemos hacia el nivel del embalse, aparece junto al camino la Capilla-Escuela o Ermita de la Medalla Milagrosa. Este edificio, promovido por Rafael Benjumea junto con otras construcciones del poblado anexo, sirvió durante años como centro educativo para los hijos de técnicos, obreros y trabajadores de la Central Hidroeléctrica de El Chorro. Su presencia nos recuerda que, más allá de los impresionantes paisajes y las grandes obras de ingeniería, aquí también se escribió una importante historia humana ligada al desarrollo de toda la comarca. 






Finalmente llegamos a la zona de la estación de El Chorro, punto final oficial de la ruta. Allí tomamos el autobús lanzadera que conecta la salida con el punto de inicio del recorrido.

Durante el trayecto de regreso observábamos por la ventanilla las montañas que acabábamos de atravesar. Ahora las contemplábamos desde la distancia. Y quizá por eso parecían aún más impresionantes. Laura y yo intercambiábamos comentarios, repasando los momentos favoritos de la jornada y reviviendo cada tramo del recorrido como quien vuelve a hojear un libro recién terminado. Para mí será siempre, el recuerdo de una magnífica mañana de verano compartida con mi hija.

TODA LA INFORMACIÓN INCLUIDA EN ESTA PUBLICACIÓN HA SIDO RECOGIDA DE LOS SIGUIENTES ENLACES:

https://www.caminitodelrey.info/es/tu-visita/acceso-recorrido

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