ARCHIVO GENERAL DE INDIAS, SEVILLA

En nuestro regreso a SEVILLA, veinte años después de aquella primera visita a esta hermosa ciudad, teníamos claro que esta vez no podíamos marcharnos sin cruzar las puertas de este edificio excepcional, declarado Patrimonio de la Humanidad junto con la CATEDRAL y el REAL ALCÁZAR (enlaces a nuestras publicaciones).

Vista desde la Giralda

Desde el primer momento impresiona la majestuosidad de un edificio renacentista concebido para albergar la antigua LONJA DE MERCADERES y que, desde finales del siglo XVIII, custodia la memoria documental de la presencia española en América y Filipinas.






Mientras recorríamos sus elegantes galerías, no podíamos evitar pensar en todas las personas que protagonizaron las historias que hoy descansan entre aquellos muros: navegantes, cartógrafos, exploradores, cronistas, virreyes, comerciantes... personajes que cambiaron el rumbo del mundo y que aquí dejaron una pequeña parte de su vida.




Hay algo que también queremos destacar porque sabemos lo importante que es para muchas personas. Todo el recorrido visitable puede realizarse en silla de ruedas, sin encontrar barreras que impidan disfrutar de este extraordinario patrimonio. Nos alegró comprobar que un edificio con tantos siglos de historia ha sabido adaptarse para que cualquier visitante pueda recorrerlo con comodidad y sentirse parte de esta experiencia.


Pero si hubo un instante que recordaremos durante mucho tiempo fue el de encontrarnos frente a los seis documentos inscritos en el Registro Internacional de la Memoria del Mundo de la UNESCO. Son de esos momentos en los que el tiempo parece detenerse y uno toma conciencia de que está contemplando originales que cambiaron el rumbo de la historia.










Entre todos ellos, los documentos relacionados con la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna, la conocida Expedición Balmis, fueron, sin duda, los que despertaron un recuerdo muy especial en nosotros. Quizá porque esta extraordinaria aventura científica y humanitaria tiene una estrecha vinculación con nuestra tierra. El 30 de noviembre de 1803, desde el puerto de A CORUÑA (enlace a nuestra publicación), partía una expedición destinada a llevar la vacuna contra la viruela hasta América y Filipinas, convirtiéndose en una de las mayores gestas médicas de todos los tiempos. Y allí estaba también el recuerdo de una mujer excepcional, la gallega Isabel Zendal, cuyo compromiso y entrega fueron fundamentales para el éxito de aquella misión que salvó miles de vidas. Como gallegos, fue imposible no sentir un profundo orgullo al recordar aquella página de nuestra historia.

No menos emocionante fue descubrir el Tratado de Tordesillas. Contemplar aquel documento nos transportó inmediatamente a nuestra visita a las CASAS DEL TRATADO (enlace a nuestra publicación), en la histórica villa vallisoletana. Nos emocionó comprobar cómo lugares separados por cientos de kilómetros forman parte de un mismo relato histórico, y sentir, como si cada viaje que hacemos fuera completando poco a poco un enorme puzle.

Abandonamos el Archivo General de Indias sintiéndonos profundamente privilegiados por haber podido admirar este impresionante monumento, auténtico guardián de algunos de los documentos más valiosos de nuestra historia.

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PLAYA DE MÓNSUL, ALMERÍA

Visitar la Playa de Mónsul es descubrir uno de los paisajes más espectaculares de España y comprender por qué el PARQUE NATURAL DE CABO DE GATA-NÍJAR es considerado uno de los grandes tesoros naturales del Mediterráneo.

Su origen volcánico ha dado forma a un escenario irrepetible en toda la costa mediterránea española. La arena fina y oscura, las antiguas coladas de lava solidificada y las caprichosas formaciones rocosas, esculpidas pacientemente durante millones de años, convierten este lugar en un auténtico museo geológico al aire libre, donde cada piedra parece guardar un fragmento de la memoria de la Tierra.

El gran símbolo de Mónsul es LA PEINETA, esa inmensa roca fósil con forma de cresta de ola que emerge junto a la orilla, como si la naturaleza hubiera querido crear un monumento propio. A su alrededor, el mar dibuja un sinfín de tonalidades turquesas y esmeralda que contrastan con los negros y ocres de la roca volcánica, ofreciendo un espectáculo visual difícil de olvidar.

No es casualidad que este rincón haya cautivado a directores de cine de todo el mundo. Aquí se rodaron escenas de películas tan conocidas como Indiana Jones y la última cruzadaLa historia interminableLas aventuras del barón MunchausenBwanaHable con ella. También ha sido el telón de fondo de numerosos anuncios publicitarios y de videoclips como Ave María  de David Bisbal  o Tourner la page de la cantante Zaho. Producciones que encontraron en Mónsul un escenario imposible de recrear en un plató.

Pero si hay un elemento que refleja como ningún otro el alma cambiante de esta playa, ese es su enorme DUNA de tipo barján. No es simplemente una acumulación de arena, sino una singular formación geológica que asciende apoyándose directamente sobre las paredes de roca volcánica del acantilado, creando uno de los paisajes más característicos de Cabo de Gata. Durante miles de años, el viento ha ido transportando, grano a grano, la fina arena desde la orilla hasta levantar esta inmensa ladera dorada. Una obra de ingeniería natural construida con una paciencia infinita. Nada permanece inmóvil en ella. Su perfil cambia lentamente con el paso del tiempo, de modo que la duna nunca es exactamente la misma. Es un paisaje vivo, en constante movimiento, que respira al ritmo del viento.

Y es precisamente cuando sopla el característico Levante cuando la duna muestra toda su belleza. Las ráfagas levantan delicados velos de arena que recorren su superficie dibujando pequeñas ondas y crestas efímeras, como si una mano invisible estuviera acariciándola y modelándola sin descanso. Resulta hipnótico detenerse a contemplar ese incesante baile de millones de diminutos granos de arena, conscientes de que somos testigos de un proceso natural que lleva repitiéndose desde hace miles de años.


Hoy, afortunadamente, está totalmente prohibido subir o caminar sobre la duna para garantizar su conservación. Sin embargo, durante nuestra visita comprobamos con tristeza que todavía hay quienes ignoran esta norma. Cada pisada acelera su erosión, destruye la escasa vegetación que ayuda a fijarla y pone en peligro un ecosistema tan delicado como extraordinario. Contemplar un paisaje como este también implica asumir la responsabilidad de protegerlo para que quienes lleguen mañana puedan sentir la misma emoción que sentimos nosotros.

A pesar de la enorme fama que ha alcanzado con el paso de los años, la Playa de Mónsul conserva intacto su carácter salvaje. Aquí no existen grandes hoteles, paseos marítimos ni construcciones que rompan la armonía del paisaje. Solo el sonido del mar, el viento recorriendo la arena, la roca volcánica abrazando la costa y la sensación de encontrarse frente a una naturaleza que sigue siendo dueña de sí misma.

Nos marchamos de Mónsul con la cámara llena de fotografías, pero también con la certeza de que ninguna imagen consigue transmitir realmente la magia de este lugar. Si algún día tienes la suerte de llegar hasta aquí, contempla, escucha, respira… y deja únicamente tus huellas en el recuerdo. La Playa de Mónsul seguirá allí, moldeada por el viento y el mar, esperando sorprender a quien se acerque con la sensibilidad suficiente para comprender que algunos lugares no solo se visitan, sino que se viven.


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